Llegamos a la reunión con el fondo sin guion claro. En tres sesiones rearmamos el orden de los slides y dejamos de improvisar las respuestas sobre valoración. La diferencia se notó en cómo condujimos la conversación.
Si tu equipo está por presentar una propuesta a una ronda privada, a un cliente corporativo o a un directorio, conviene ordenar la narrativa, los números y las objeciones antes de sentarse a la mesa. En una primera conversación revisamos el material que ya tenés y marcamos qué falta para que la presentación sostenga el valor sin depender del carisma del orador.
Coordinar una primera conversaciónSi querés ver antes cómo trabajamos el detalle, podés revisar los formatos de asesoramiento o leer el caso de una empresa que llegó con el pitch desordenado.
Trabajamos con gerentes de ventas, agencias privadas y corporaciones argentinas que necesitaban ordenar su discurso antes de una ronda, una licitación o una expansión de cartera. Estas son algunas devoluciones concretas sobre el proceso, no sobre el resultado de un solo pitch.
Llegamos a la reunión con el fondo sin guion claro. En tres sesiones rearmamos el orden de los slides y dejamos de improvisar las respuestas sobre valoración. La diferencia se notó en cómo condujimos la conversación.
El problema no era el precio, era que no habíamos mapeado bien a los decisores. Nos ayudaron a preparar la conversación con compras y finanzas por separado. Ahí entendimos dónde se caía la venta.
Nos faltaba un tablero mínimo para dirigir al equipo. Dejamos de mirar veinte métricas y nos quedamos con cuatro. La reunión mensual pasó de ser un repaso de números a una conversación sobre cuellos de botella.
Preparamos una presentación para una ronda privada con un equipo que nunca había armado un pitch formal. El trabajo fue ordenar la narrativa: mercado, equipo, tracción. Sin adornos, con los números a mano.