Estas son las aclaraciones que pedimos leer antes de la primera reunión. No son letra chica: definen qué hacemos, qué no hacemos y hasta dónde llega nuestro trabajo en un proceso de pitching o desarrollo comercial B2B.
Antes de la primera reunión conviene saber qué se pide, cuánto tarda cada tramo y qué decisiones quedan del lado del cliente. Este recorrido resume el orden habitual de un encargo: desde el diagnóstico inicial hasta la presentación final ante el comité o el inversor.
Arrancamos con dos sesiones de trabajo: una con la gerencia comercial y otra con quienes ejecutan las reuniones. Revisamos pipeline actual, materiales que ya usan y objeciones que aparecen repetidas. El objetivo es dejar por escrito qué se vende hoy, a quién y con qué argumentos, antes de proponer cualquier cambio.
Con el relevamiento cerrado, se define la estructura del discurso: apertura, problema, propuesta, evidencia y cierre. Se ordenan los números que sostienen la conversación y se decide qué queda fuera. En esta etapa suelen aparecer tensiones internas sobre prioridades, y ahí trabajamos con el área que corresponda para resolverlas antes de escribir el guion.
Se simulan reuniones con el equipo que va a presentar. Grabamos, revisamos ritmo, tiempos y respuestas a preguntas difíciles sobre precio, alcance o plazos. Cada ensayo deja una lista corta de correcciones concretas, no observaciones generales. Si el pitch es para una ronda privada, se incorporan las preguntas típicas de inversores sobre mercado, equipo y uso de fondos.
El cierre incluye el material final en los formatos que use el equipo, una guía breve de uso y una sesión de seguimiento a las dos semanas para revisar cómo se comportó el discurso en reuniones reales. A partir de ahí, el trabajo puede continuar con nuevos frentes comerciales o cerrarse con lo entregado.